Se compró la silla. La silla buena. Con todo ajustable. Pero el dolor de cuello se quedó ahí amablemente.
Has probado el teclado ergonómico, el escritorio elevable, el cojín lumbar. Los muebles mejoran. Tú no.
Esto sorprende a muchos: la misma silla sujeta cuerpos diferentes de manera muy distinta, dependiendo de contra qué se estén preparando esos cuerpos.
Esto es lo que he observado entre miles de oficinistas: los cuellos suelen doler no por dónde se encuentra la pantalla, sino por cómo se enfrenta la persona a su día. Un cuello que se prepara para recibir críticas adopta una postura diferente a la de un cuello relajado. Unos hombros que anticipan un correo urgente se comportan como hombros que anticipan un golpe.
La postura no es el mobiliario. Es una relación: entre ti y lo que esperas que ocurra a continuación.
A veces la causa es realmente la configuración de la mesa. A veces son las horas sin moverse. Y otras veces, es la tensión usando tu cuello como si fuera su oficina. El mismo dolor, pero inquilinos distintos.
¿Para qué se está preparando tu cuello?
Una vez cada hora, exhala y deja caer los hombros como si estuvieras soltando dos bolsas muy pesadas. Dos segundos. Eso es todo.
El dolor con entumecimiento, con hormigueos hacia los brazos o que te despierta por la noche requiere una evaluación médica adecuada, no otro cojín.

