En mi experiencia, nadie se desploma repentinamente sobre su escritorio. Lo que yo veo es mucho más silencioso.
Esa música que dejas de poner. La llamada de ese amigo que dejas sonar. Esa afición que se convierte en un "ya lo haré algún día".
Sigues rindiendo. Llegas a las entregas. Pones tu mejor sonrisa. Desde fuera, nada ha cambiado.
Por dentro, el color se ha ido apagando lentamente, como una fotografía expuesta al sol.
Este es un patrón del que me he dado cuenta: el burnout se anuncia primero a través de restas, no de síntomas. Las cosas dejan de importar de forma silenciosa antes de que nada se rompa a la vista de los demás.
El cuerpo no está fallando. Está ajustando su presupuesto. Cuando las reservas empiezan a escasear, cancela todo lo que no es esencial; y el entusiasmo es lo primero en caer, porque mantenerlo resulta muy costoso.
A veces la causa es la carga de trabajo. A veces es trabajar sin sentir que tenga sentido. A veces es tener ese sentido, pero carecer de límites. El desgaste siempre se ve igual.
¿Qué cosas has dejado de hacer este año de forma silenciosa?
Devuelve una pequeña resta a tu vida. Pon una canción que te solía encantar, y escúchala entera sin hacer nada más. Observa qué ocurre.
Si el cinismo, la fatiga y el desapego han echado raíces profundas (o si levantarte de la cama te parece imposible), esto requiere apoyo profesional. El síndrome de burnout está reconocido médicamente por un motivo.

