Me enseñó el registro de su aplicación de sueño. Ocho horas y doce minutos. "Entonces, ¿por qué", me preguntó, "me siento así?"

Lo hiciste todo bien. Te acostaste a una hora razonable. A oscuras. Sin embargo, llega la mañana y sientes que te cuesta la vida salir de la cama.

Aquí tienes algo que sorprende a mucha gente: dormir es una duración; descansar es un estado. Puedes tener mucho de uno y casi nada del otro.

Rara vez veo un sueño no reparador de forma aislada. Suele venir acompañado de mandíbulas apretadas, respiración superficial y una mente que se acuesta sin haber soltado el maletín.

Un cuerpo puede estar en posición horizontal toda la noche y no haber estado fuera de servicio ni un minuto.

A veces la causa es física: alteraciones respiratorias, dolor, reflujo. A veces es un sistema nervioso que nunca recibió la orden de bajar la guardia. La almohada no puede darte lo que el día nunca te permitió.

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste descansado estando despierto?

Esta noche

Antes de dormir, tensa todo tu cuerpo durante cinco segundos (los puños, la cara, los hombros) y luego suéltalo por completo. Hazlo dos veces. Deja que tu cuerpo sienta la diferencia entre aferrarse a algo y soltarlo.

Los ronquidos fuertes, los dolores de cabeza matutinos o quedarse dormido a mitad del día merecen una revisión médica. Los estudios del sueño existen por una buena razón.